Quédate en casa

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Florence dice: -Quédate en casa.

En estos días inusuales de coronavirus, distancia social y aislamiento planetario, hay una lucha entre los científicos, investigadores y personal sanitario, pidiéndonos que nos quedemos en casa mientras encuentran un tratamiento, y aquellos que insisten en ignorarlos o en no aplicar sus recomendaciones al cien por cien.

He puesto todo mi cariño dibujando esta ilustración para que nos quedemos en casa y ayudemos a los profesionales de la salud a cuidarnos.

Esta es mi carta de amor inmensa a los hospitales de Londres me salvaron la vida y que me han cuidado en este último año allí, y a su maravilloso personal sanitario, médic@s y enfermer@s, del NHS. No olvidemos la importancia que tiene conservar el sistema de salud público y universal. Gracias al National Health Service de UK.
St Thomas Hospital, Guy’s Hospital, Royal Free Hospital, Queens Square neurology.

Aunque sea Londres, el dibujo está dedicado también al personal sanitario de España, y sobre todo a las maravillosas enfermeras que me han cuidado siempre con muchísimo cariño. Al personal de cocina de ambos hospitales de Zaragoza que se esforzaban por alimentarme evitando las alergias e intolerancias. Al personal de limpieza. A l@s celador@s que me llevaban a las pruebas. A l@s conductor@s de ambulancia y paramédic@s que acudían raudos ante una emergencia. Gracias a la Seguridad Social. Luchemos por conservarla, para que no se recorte en salud y para que se invierta en personal, material e investigación.
Hospital Miguel Servet de Zaragoza, Hospital Clínico Lozano Blesa de Zaragoza, Hospital Donostia, Donostiako Hospitalea, Hospital San Juan de Dios Santurtzi, Neurotek Bilbao.

A todos y todas aquell@s que se dedican a cuidarnos y salvarnos.
Ahora nos toca cuidarl@s nosotr@s a ell@s.
Quédate en casa. Salva vidas. Protege al sistema sanitario.

FLORENCE NIGHTINGALE, fundadora de la enfermería moderna.

Y quién mejor para recordarnos la importancia del aislamiento y la higiene en enfermedades infecciosas que la madre de la enfermería moderna, cuyo bicentenario se cumple este año.

Florence Nightingale nació en una familia británica el 12 de mayo de 1820 en Florencia. Vivían en Londres, de manera que ella se crió y educó allí en Gran Bretaña.
En aquella época la mujer no podía tener una carrera profesional. Pero Florence no estaba para gaitas. Cuando tenía diecisiete o veinte años, se plantó ante sus padres para comunicarles que pasaba de su destino de ser esposa y madre, porque ella lo que quería era estudiar aritmética, geometría y álgebra.

–“Mira papá, que resulta que calcular es mi pasión y que yo lo que quiero en la vida es estudiar y dedicarme a esto. Además, que sepas que quiero ser enfermera.”
A los padres casi les da un patatús. Su hija, una señorita de bien, realizando una actividad típica de mujeres pobres sin estudios. Qué dirá la gente… A la familia no le moló la idea, pero no les quedó otra que aguantarse porque Florence era mucha Florence. Así que toda decidida, cogió el petate y se formó viajando por los centros de varios países: Alemania, Egipto, Italia, Francia, Grecia, Suiza…

A su vuelta se hizo cargo del Institute for the Care of Sick Gentlewomen en Londres. Una vez allí mejoró el centro instalando agua caliente en los tres pisos y un montacargas para subir comida caliente a los pisos superiores.

En 1853 estalló la guerra de Crimea entre Rusia y la alianza del Reino Unido. El secretario de Guerra de Gran Bretaña Sydney Herbet, amigo de la familia, mandó llamar a Florence, que ya tenía una reputación como enfermera.

-“Oye, Florence, tenemos un problemón y no sabemos ya qué hacer. A pesar de que vamos ganando la guerra, se nos mueren más soldados en el hospital que en el campo de batalla. Vente pa Scutari que a este paso no llegamos vivos a Navidad”.
-“Pero qué me estás contando, madre mía cómo debéis tener eso. Voy para allá ipso facto con mi tropa de enfermeras voluntarias, a ver qué está pasando, porque esto no puede ser.”

Cuando llegó Florence y vió el percal se llevó las manos a la cabeza: ochenta de cada cien muertos lo hacían debido a las deplorables condiciones sanitarias del lugar. La higiene brillaba por su ausencia y los pacientes heridos morían debido a las chorrocientas infecciones y epidemias. Tampoco había condiciones para preparar la comida. El agua de beber daba asquico verla. Aquel verano murieron cuatro mil soldados por fiebres, tifus, cólera y disentería.

La super-Florence profesional de la estadística se puso manos a la obra lápiz en mano y se dedicó a observar minuciosamente el lugar. Hizo un estudio exhaustivo con dibujos y números plasmando en qué lugares del hospital de campaña morían más soldados, y en cuáles menos. En su famoso Diagrama de la Rosa demostró mediante la estadística y los diagramas de áreas polares que los heridos que morían estaban más cerca de lugares donde se vertían las aguas residuales y sin ventilación.

-“Pues mira, Sydney, esto está muy claro: aquí lo que pasa es que esto ni es un hospital ni es ná. Es un completo desastre y es una guarrada de aquí te espero. En este antro lo de curarse es misión imposible. Conque ya estáis ventilando todos los días y limpiando cada día el lugar y los heridos. Cambiad cada día las sábanas, los pijamas y las vendas. Cada paciente en su cama y se acabó lo de compartir para ahorrar espacio. Y respecto a las aguas residuales y al material usado sucio, bien lejos todo y a lavarlo cada día. Ahí vamos a levantar un servicio de lavandería y ahí una cocina. Que el que come escapa. Y el agua de beber asegúrate de que sea potable, hazme el favor, hombre ya. Y los pacientes con enfermedades infecciosas, bien lejos del resto.”

El plan de Florence funcionó de maravilla, y a partir de entonces la mortalidad cayó en picado del 42% al 2%. Este protocolo de higiene y asepsia fue el origen de los que se utilizan hoy día en los hospitales actuales.

La “Teoría Ambiental de Florence Nightingale” definió la enfermería como “el acto de utilizar el entorno del paciente para ayudarle en su recuperación”. Identificó cinco factores ambientales: aire fresco, agua pura, desagües eficientes, limpieza o saneamiento y luz o luz solar directa. Destacó la importancia de la observación del paciente para ver si mejoraba, de respetar sus preferencias a la hora de alimentarse, y de hacerle participar en las decisiones respecto a su salud. También hizo incapié en la relación entre la pobreza y la mala salud, y en la necesidad de políticas sociales.

Por desgracia Florence enfermó de fiebres en Crimea, y a partir de entonces su salud fue cayendo hasta tener que recluirse en su casa encamada con síntomas de fatiga crónica. Se cree que contrajo brucelosis, que provoca fiebre, fatiga, dolor y depresión. Sus síntomas coinciden con los de la Encefalitis Miálgica, y es por eso que el día de su nacimiento se celebra el Día Internacional de las Enfermedades Neurológicas e Inmunológicas Crónicas. Aún así, se mantuvo activa intelectualmente y escribió varios trabajos sobre reformas sociales y planificación hospitalaria, que llegaron al mundo entero.

A su vuelta a Londres cogió todos sus papeles y diagramas y se presentó ante la Reina Victoria para hablarle de sus medidas de higiene y de que los hospitales tal como estaban diseñados y administrados no eran un lugar de curación ni de recuperación.
-“Verá Majestad, esto de juntar pacientes en los hospitales a cascoporro y hacinarlos sin tener en cuenta una higiene básica no tiene pies ni cabeza. ¿Ve mis diagramas? Si es que está clarísimo. Los números no mienten. En Crimea lo comprobé y funcionó. Ya es hora de aplicarlo a todos los hospitales británicos y salvar vidas de verdad.”
La Reina lo vió claro con sus dibujos y datos y aprobó la reforma de los centros hospitalarios según el plan de Florence.

Además aplicó la idea de separar las diferentes alas de los hospitales en pabellones, para aislar a los infecciosos. El Hospital Saint Thomas fue uno de los primeros hospitales que adoptó el “principio del pabellón”. Se construyeron seis edificios separados y orientados en ángulo recto al río separados 38 metros entre ellos, unidos a través de pasillos bajos. La intención era mejorar la ventilación y separar y segregar a los pacientes con enfermedades infecciosas.
La Reina Victoria puso la primera piedra de estos nuevos edificios en 1868.

La prensa de entonces se hizo eco de toda su actividad y sus reformas. The Times la describió como La Dama de la Lámpara, ya que durante la guerra se levantaba cada noche candil en mano para hacer rondas nocturnas y atender a los pacientes como un ángel cuidador.

El fundador de la Cruz Roja Henry Dunant no dejaba de alabarla en los medios y de repetir que él se había basado en el trabajo de Florence en Crimea para ir a Italia y crear esta organización. De hecho, Florence fue miembro del comité de Damas de la Cruz Roja Británica.
-“Pues es que Florence me inspiró. Yo cogí y dije, esta mujer no para, qué cabeza tiene, yo también voy a hacer algo, oye. Que para eso está ahora en boga todo el tema social en UK, el tema de la sanidad y el estado, y el control de epidemias. Y cogí y fundé la Cruz Roja.”

Florence no paraba de impulsar la práctica del cuidado como una profesión respetable, así que dio un paso más allá y creó la Escuela de Entrenamiento Nightingale, en el Hospital St Thomas de Londres. Se dedicó a escribir sobre sus reformas sanitarias en Notas sobre Enfermería y Notas sobre Hospitales.
El libro “Notas sobre Enfermería, qué es y qué no es”, fue la base del programa de estudios de las escuelas de enfermería de todo el mundo.
Actualmente esta escuela de Nightingales todavía existe y pertenece al King’s College.
Las profesionales de la enfermería al graduarse deben hacer el juramento de Florence Nightingale, mediante el cual juran no hacer daño.

Florence también aplicó sus conocimientos para hacer un estudio estadístico de las condiciones sanitarias en la India rural y evitar muertes.

Fue la primera mujer miembro de la Royal Statistical Society. Se le reconoció como una gran experta en estadística en UK y en EEUU, siendo miembro honorario de la American Statistical Association.
Entre su círculo intelectual se encontraba Ada Lovelace, creadora del lenguaje de programación informático.

Falleció a los 90 años, y aunque se propuso que fuera enterrada en la Abadía de Westminster, junto a Newton y Dickens, la familia rechazó la propuesta para enterrarla en su cementerio local.

 

2020 ha sido declarado por la OMS el Año Internacional de la Enfermera y la Comadrona, ya que se cumplen 200 años del nacimiento de Florence Nightingale.

En Barcelona, el COIB, la Universitat de Barcelona y el Hospital Clínic, preparaban una exposición sobre la historia de la enfermería que se debía inaugurar en Mayo.
En Madrid, el Colegio de Enfermería preparó unas jornadas sobre Florence a principios de año.
En UK estaban programadas actividades durante todos los meses del año. Aunque los de Mayo ya se han cancelado.

Resulta paradójico que en este año de celebración de la enfermería, estalle una pandemia a nivel mundial colapsando los hospitales de todo el mundo y arriesgando las vidas de l@s profesionales sanitarios y por ende, de las enfermeras…

Sé como Florence.
Haz caso de los números que han hecho los científicos.
Ayuda a aplanar la curva.

 

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